Por Agencia EFE
Con un portentoso chorro de voz en la lluviosa noche parisina, la cantante canadiense Céline Dion hizo una reaparición triunfal en la apertura de los Juegos Olímpicos al interpretar, desde lo alto de la torre Eiffel, el ‘Hymne à l´amour‘ de Edith Piaf.
Dion, que padece una grave y rara enfermedad neurológica incurable llamada síndrome de persona rígida, fue el majestuoso broche final a las casi cuatro horas de ceremonia celebrada a lo largo del Sena, justo en el momento en el que la llama olímpica se elevaba en un globo aerostático sobre los Jardines de las Tullerías.
Cuando los ojos del mundo estaban puestos aún en el deslumbrante pebetero, una figura plateada emergió por sorpresa en la torre, como una estrella brillando en medio de la estructura de hierro, y la potente voz que entonó la melodía de Piaf reveló que se trataba de la cantante de ‘All by Myself’ casi antes que las cámaras.
Nacida en Charlemagne, Quebec (y por lo tanto representante de la francofonía), la cantante 56 años había tenido que cancelar su gira mundial Courage World Tour en mayo del año pasado por sus graves problemas de salud, que afectan a su sistema nervioso y le provocan espasmos.
A consecuencia de ese síndrome neurológico, la ganadora de dos Oscar y varios Grammy debe someterse a un trabajo intenso para lograr controlar sus músculos -incluido para poder realizar las tareas del día a día, como caminar- y las complicaciones afectan igualmente a sus cuerdas vocales.